Nuevos partidos políticos y una oposición fragmentada
Por: Armando Guzmán Á.
Hace unos días el Consejo General del INE aprobó la creación de dos nuevos partidos políticos al cumplir con los requisitos legales y reunir el número de militantes y de asambleas requerido. Estas dos nuevas opciones políticas son Somos México y Construyendo Sociedades de PAZ (PAZ).
Para que estas nuevas fuerzas no pierdan el registro, deberán conseguir al menos el 3% de la votación total emitida en las elecciones federales de 2027. Otra cuestión importante es que no podrán aliarse con otras fuerzas políticas, por lo que tendrán que competir en solitario.
La tarea para hacerse un lugar en las preferencias electorales no será sencilla, pues tendrán que enfrentar a partidos ya establecidos y ampliamente conocidos por la ciudadanía.
La creación de nuevos partidos políticos siempre es un tema polémico. Están quienes aseguran que representan un gasto más para el presupuesto público, mientras que otros defienden la posibilidad de crear nuevas opciones para los ciudadanos. Cierto es que muchos mexicanos, por una u otra razón, ya no se sienten identificados con los partidos políticos tradicionales.
Analicemos pues, el perfil de el partido Somos México; está encabezado por una figura conocida del ya extinto PRD: Guadalupe Acosta Naranjo, además de Cecilia Soto González, quien fue candidata presidencial por el Partido del Trabajo. Aunque varios personajes provenientes del PRD participan en este nuevo proyecto, también existe una importante presencia de personas que anteriormente no habían militado en ningún partido político, así como de exintegrantes del PRI y del PAN, además de figuras provenientes de instituciones relevantes para la democracia mexicana. Entre ellos destacan Lorenzo Córdova, exconsejero presidente del INE; Edmundo Jacobo, exsecretario ejecutivo del INE; los actores Joaquín Cosío y Claudia Ramírez; los exministros de la Suprema Corte Javier Laynez Potisek y José Ramón Cossío; así como el periodista Amado Avendaño, entre otras personalidades.
Varios
analistas han intentado definir a Somos México como un partido de tendencia
progresista, socialdemócrata, defensor de las libertades y de la ciudadanía,
pero distante de una izquierda de corte populista como la que representa
Morena. Sin embargo, oficialmente Guadalupe Acosta Naranjo ha señalado que
rechaza las tradicionales etiquetas de izquierda y derecha para usarlas en su partido por considerarlas
obsoletas y alejadas de las necesidades actuales del país. En su lugar, afirma
que su movimiento se define como democrático y busca el restablecimiento de los
contrapesos republicanos.
Por otra
parte, el partido Construyendo Sociedades de PAZ será dirigido por Armando
González Flores Cervantes y mantiene vínculos con el extinto Partido Encuentro
Social (PES), el mismo que en 2018 hizo alianza con Morena en la elección
presidencial. Posteriormente intentó recuperar su registro como Partido
Encuentro Solidario, pero no lo consiguió al obtener menos del 3% de la
votación en las elecciones federales de 2021. Se habla de que Hugo Eric Flores,
fundador del PES, será uno de sus integrantes. Todo apunta a que este nuevo
partido mantendrá la misma línea ideológica de sus antecesores: una marcada
cercanía con la derecha cristiana, grupos y líderes evangélicos, así como con
diversas iglesias de esa corriente.
Desde un punto
de vista democrático, y ante los intentos del poder morenista por dificultar la
creación de nuevas fuerzas políticas, (como ocurrió con el intento de querer adjudicarse a casi 100 mil afiliados de Somos México para pretender engañar al Tribunal Electoral con que realmente formaban parte de las filas de Morena y así frenarlos) resulta relevante que finalmente dos nuevos partidos hayan conseguido
el registro nacional.
Es cierto que
no todas las propuestas de nuevos partidos políticos aportan necesariamente a
la democracia mexicana o representan una alternativa atractiva. Sin embargo, en
un país donde las libertades parecen reducirse cada vez más, la posibilidad de
que surjan nuevas opciones políticas es positiva. Más aún cuando Morena ha
mostrado, una clara vocación por concentrar el poder y preferiría enfrentar una
oposición cada vez más debilitada.
Actualmente
Morena parece mantener la simpatía mayoritaria de los electores del país. Sin
embargo, el próximo año se renovarán 17 gubernaturas, congresos locales, presidencias
municipales, diputaciones locales y diputaciones federales. Sin duda, como en la mayoría de las elecciones intermedias, no está garantizado que el partido oficialista mantenga intacta su fuerza en todos los estados, donde
podrían presentarse escenarios más competidos debido al descontento ciudadano en varias regiones del país.
En este contexto, el análisis electoral no puede limitarse al desempeño del partido en el poder, sino que debe considerar también la configuración fragmentada de la oposición, cuyos distintos actores buscarán posicionarse de manera individual en un escenario cada vez más disperso.
Movimiento
Ciudadano, por su parte, es un partido que nació en 1999 bajo el nombre de
Convergencia y adoptó su denominación actual en 2011. Durante estos años ha
experimentado un crecimiento importante, al grado de gobernar actualmente dos
de los estados más relevantes del país: Jalisco y Nuevo León. Durante la
campaña presidencial de 2024 consiguió conectar con millones de jóvenes
mediante una estrategia de marketing político muy efectiva, que permitió que
muchos electores se identificaran con Jorge Álvarez Máynez y manifestaran su
rechazo hacia los partidos tradicionales.
El PAN, por su
parte, compitió en alianza con el PRI en 2024. A pesar del llamado
"tsunami morenista", dicha coalición le permitió conservar diversos
espacios de representación popular y frenar, al menos parcialmente, su proceso
de desgaste electoral.
Sin embargo,
tanto en este 2026 como rumbo a 2027, Acción Nacional busca competir en
solitario en una estrategia de relanzamiento de su marca política, resaltando
los valores tradicionales de la derecha mediante el lema "Patria, Familia
y Libertad". No obstante, la experiencia reciente en Coahuila demuestra
que ir sin alianzas también implica riesgos, pues esa decisión terminó
costándole el registro local.
Por otro lado,
el PRI encabezado por Alejandro Moreno Cárdenas, "Alito", mantiene
desde hace años una relación de constantes fricciones con Movimiento Ciudadano.
En distintos momentos ha buscado convencer a sus dirigentes de integrar un gran
frente opositor contra Morena. Primero fue Dante Delgado, quien llegó a afirmar
que "con el PRI ni a la esquina", y posteriormente Jorge Álvarez
Máynez también protagonizó diversos desencuentros con el dirigente priista,
tanto por el estilo de conducción de Alito como por el evidente desgaste que
enfrenta actualmente el Revolucionario Institucional.
Dentro de las
posibilidades que ofrece la democracia mexicana, el rechazo a los partidos
tradicionales no obliga a ningún ciudadano a convertirse automáticamente en
opositor ni mucho menos a votar por una determinada fuerza política. Existen
ciudadanos que incluso optan por anular su voto, y esa también es una expresión
legítima (aunque de facto no muy útil) de la libertad democrática. Nadie puede
ser obligado a votar por un partido que no lo convenza. Sin embargo, desde una
perspectiva más amplia (e incluso desde la lógica de la Realpolitik) las
elecciones se ganan con votos y no con buenas intenciones. Bajo esa lógica, las
alianzas adquieren un peso determinante.
Las alianzas
son fundamentales. En diversos países donde existen elecciones presidenciales
se aplica la llamada segunda vuelta o balotaje. Si ningún candidato obtiene más
del 50% de los votos en la primera ronda, se realiza una segunda elección entre
los dos candidatos más votados. Ello obliga a construir acuerdos y alianzas con
otras fuerzas políticas para alcanzar la mayoría absoluta.
México no
cuenta con ese mecanismo. Aquí las elecciones se ganan simplemente con más
votos que los adversarios. Mientras los partidos de oposición parecen decididos
a competir por separado, Morena volverá a ir en alianza con
el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo en la mayor
parte del país. Incluso no sería extraño que rumbo a 2030 también se
incorporara a esa coalición el nuevo partido PAZ.
En términos muy prácticos, un gran
frente opositor como el propuesto por el PRI, en donde los partidos opositores
vayan aliados, representaría un gran freno al poder Morenista, yendo separados 2027,
sin duda, será una elección en la que el pastel electoral se repartirá entre un
mayor número de fuerzas políticas.
Precisamente por ello han surgido críticas hacia Somos México. Diversos sectores consideran que su aparición pulverizará el voto opositor y terminará afectando principalmente al PRI y al PAN al dividir el voto de quienes buscan una alternativa distinta a Morena.
2027 varios partidos lo están
viendo como un ensayo, antes de las elecciones presidenciales de 2030. Parece
que el PAN pretende ver cuantos votos puede conseguir en solitario. MC se
siente satisfecho con el crecimiento político que ha tenido desde 2024, ellos
claramente están pensando en una lógica individualista, en donde tienen la
intención de ganar la presidencia con su propio candidato: llámese Samuel García
o probablemente Luis Donaldo Colosio Riojas. Por su parte, Somos México ya lo
ha dicho, harán las alianzas de facto que sean necesarias para tumbar a Morena en 2030, podrán aliarse con la oposición para unir fuerzas.
En términos claros, todavía es temprano para saber cuál será el porcentaje de votación que obtendrá Somos México. No obstante, algunas estimaciones de casas encuestadoras como Consulta Mitofsky revelan que podría superar el 6.7% de la votación nacional.
En política no basta con tener la razón o contar con buenos candidatos;
también es indispensable construir mayorías. Mientras los partidos de oposición
parecen privilegiar sus proyectos individuales y medir sus propias fuerzas de
cara a 2030, Morena no se anda con rodeos y ha demostrado una gran capacidad para entender la
importancia de las alianzas electorales. Más allá de las diferencias
ideológicas entre sus integrantes, su coalición ha sido un instrumento eficaz
para ampliar su base electoral y conservar el poder. La pregunta no es si la
oposición tiene liderazgos o nuevas opciones políticas, sino si será capaz de
convertir esa diversidad en una estrategia común.
La aparición de nuevos partidos enriquece la pluralidad democrática y amplía
las opciones para los ciudadanos. Sin embargo, la pluralidad por sí sola no
garantiza la alternancia. La historia política demuestra que los gobiernos
fuertes rara vez son derrotados por oposiciones divididas.
Como se atribuye a Lord Palmerston: en la política "No hay
amigos permanentes ni enemigos permanentes; sólo intereses permanentes."
La pregunta no es si los partidos opositores simpatizan entre sí, sino si
estarán dispuestos a entender que, frente a un partido dominante, los intereses
electorales también exigen acuerdos. De lo contrario, 2027 podría convertirse
en el preludio de una historia que vuelva a repetirse en 2030.


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