La Violencia se oye, se escucha, se siente y me estoy quemando
Por: Sussy Arias
La violencia se escucha: en las calles de Minneapolis, un enfermero —dedicado a cuidar vidas— fue asesinado por agentes federales en un hecho que ha sacudido a toda una comunidad. Alex Pretti, de 37 años, enfermero de cuidados intensivos, fue disparado y muerto por agentes de la Patrulla Fronteriza en pleno operativo, en medio de protestas por el uso de la fuerza en acciones migratorias. Su familia, colegas y vecinos recuerdan no solo a un profesional de la salud, sino a un ser humano comprometido con ayudar a otros; su muerte ha provocado semanas de indignaciĂ³n y exigencias de transparencia e investigaciĂ³n.
La violencia se siente: no es algo lejano ni exclusivo de otros paĂses. MĂ©xico tambiĂ©n vive la crudeza de la inseguridad y la violencia. Familias que pierden seres queridos en enfrentamientos, comunidades que padecen miedo constante, y profesionales de la salud atrapados en medio de conflictos que no pidieron. Cada disparo, cada vĂctima, es un recordatorio de que la violencia no distingue profesiĂ³n ni corazĂ³n.Pero —como en la vida— tambiĂ©n se escucha y se siente el corazĂ³n solidario y valiente de nuestra gente. Este domingo 25 de enero en la Ciudad de MĂ©xico se celebrĂ³ el 170 aniversario del Heroico Cuerpo de Bomberos, conmemoraciĂ³n que por primera vez fue acompañada de un desfile —del ZĂ³calo al Monumento a la RevoluciĂ³n— y la declaraciĂ³n formal del “DĂa de la Bombera y el Bombero” en la capital.AhĂ, entre el rugir de las sirenas y el paso firme de los vulcanos y vulcanas, se escuchĂ³ una respuesta distinta a la violencia: la de aquellos que enfrentan el fuego —el literal y el figurado— para salvar vidas. MĂ¡s de 1,800 bomberas y bomberos que atendieron miles de emergencias, rescates y siniestros, poniendo el valor, la tĂ©cnica y el corazĂ³n al servicio de todos.La violencia tambiĂ©n se oye en los silencios: en la espera de justicia tras casos como el de Pretti; en las familias en MĂ©xico que piden paz y seguridad; en las comunidades que luchan por vivir sin miedo. Pero se siente —y con fuerza— la presencia de quienes se juegan la vida por protegernos, como lo hacen cada dĂa los bomberos: esos Ă¡ngeles sin capa que corren hacia donde otros corren para alejarse.
Hoy, cuando el fuego arde con furia, tambiĂ©n arde la esperanza en quienes sacrificarĂan todo por apagarlo. Ellos representan el lado humano, solidario y esperanzador de nuestra sociedad.
Porque sĂ… la violencia se escucha, se mira, se siente…
Pero tambiĂ©n, se combate:— Con justicia que dignifique a las vĂctimas.
— Con polĂticas que cuiden a quienes cuidan.
— Con el reconocimiento a los hĂ©roes cotidianos, como quienes luchan contra las llamas para que la vida siga prendida.
Y a ellos —a los bomberos y bomberas—.
Gracias por escuchar el llamado, por sentir el riesgo, por actuar sin dudar. Gracias por ser el fuego que apaga lo que duele.


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