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Partido Acción Nacional: El Reto para recuperar la identidad y el rumbo



Imagen: CCMGM/ITAM


Por: Luis Ángel Villavicencio 


“Las ideas y los valores del alma son nuestras únicas armas; no tenemos otras, pero tampoco hay mejores”.

Manuel Gómez Morín1


México vive actualmente una etapa crucial. La crisis política que atraviesa el sistema de partidos ha provocado un ambiente de incertidumbre y desconfianza ciudadana. Hace algunas décadas existía una esperanza firme en el fortalecimiento democrático del país; sin embargo, muchos de esos ideales comenzaron a diluirse tristemente en los últimos años.


Desde niño me interesó la política. Veía a mi padre y a mis abuelos participar con entusiasmo en la vida democrática de México. Observaba los procesos electorales y, cuando alcancé la mayoría de edad, comprendí la gran responsabilidad que implica convertirse en ciudadano. Entendí que participar en elecciones tiene un profundo valor cívico y patriótico para contribuir al bienestar de la comunidad y el país; pero también descubrí que la política va más allá del voto: implica vivir diario la democracia, comprender el sistema político y buscar constantemente su mejora.


El Partido Acción Nacional posee una fortaleza histórica muy importante: su identidad ideológica y los valores establecidos en sus estatutos. Aunque muchos no quieran reconocerlo, la doctrina panista contiene principios con los que numerosos mexicanos aún se identifican, como la importancia de la familia, la dignidad de la persona y la responsabilidad individual. Además, resulta imposible negar que los valores morales siguen siendo fundamentales para la construcción de una sociedad sólida.


El maestro Manuel Gómez Morín tenía una visión clara cuando fundó el partido. Quienes creemos genuinamente en la democracia crecimos con la esperanza de que el viejo sistema hegemónico de las décadas de los setenta y ochenta algún día terminaría. Yo no viví conscientemente aquellos años, pues apenas era un niño; sin embargo, mis abuelos me compartían constantemente sus experiencias y las dificultades que enfrentaron para defender la democracia. Gracias a ello, comprendí la importancia de involucrarse activamente en la vida pública del país.


Cuando decidí estudiar la Licenciatura en Ciencias Políticas en la BUAP, una de las cosas que más disfrutaba era debatir sobre el significado de la democracia.


Desde pequeños nos enseñaron que la democracia significa Demos (pueblo) y Kratos (poder): “el poder del pueblo”. En los antiguos libros de la SEP —no como los actuales de Marx Arriaga— se promovían valores democráticos básicos: respeto, tolerancia, solidaridad y empatía, pero sobre todo, se nos enseñaba el valor de la libertad. En un país donde “el poder reside en el pueblo”, las instituciones existen para garantizar derechos, pero también para establecer límites y responsabilidades. Crecimos así con una cultura elemental de respeto hacia nuestros padres, nuestras autoridades y nuestro entorno.


Hoy muchos de esos valores parecen haberse debilitado. Si analizamos con objetividad los cambios impulsados por la actual administración, observamos transformaciones profundas, pero no constructivas: materiales educativos inconsistentes y programas sociales que, aunque ayudan a ciertos sectores de la población, también han generado efectos negativos, como presiones inflacionarias que terminan afectando a gran parte de la sociedad.


En este contexto político complejo donde se necesitan contrapesos al poder, el Partido Acción Nacional sigue desempeñando un papel relevante dentro del sistema político mexicano. Por ello, sería deseable que sus actuales dirigentes y operadores asuman con mayor seriedad la responsabilidad histórica que tienen. Hablemos particularmente del caso Puebla. Desde mi perspectiva ciudadana, en el estado existen perfiles que merecen reconocimiento por dar la cara y defender al partido; pero también hay quienes permanecen pasivos o incluso contribuyen al desgaste interno. La política exige preparación, elocuencia y profesionalismo.


Maurice Duverger (1951) hablaba de la importancia de los cuadros y de los miembros dentro de los partidos políticos.2 Precisamente, una de las fortalezas históricas de Acción Nacional ha sido la formación política de sus cuadros y la seriedad institucional con la que tradicionalmente se preparaba a sus militantes. La capacitación en asuntos de la administración pública y en doctrina partidista siempre fue un elemento distintivo del PAN.


No obstante, una de las debilidades más evidentes del partido en la actualidad es su distanciamiento de la ciudadanía. En muchos casos se ha priorizado la formación de grupos cerrados y, además, el partido ha permitido la entrada de corrientes ideológicas alejadas de su esencia doctrinal. Acción Nacional debe mantenerse fiel a sus principios, independientemente de las modas políticas o de las presiones mediáticas. Una institución fuerte es aquella que no renuncia a sus ideales. Manuel Martínez Sospedra (1996) sostenía que los partidos no se desarrollan en el vacío.


El PAN, como cualquier otra organización política, ha cometido errores. Y aunque es cierto que un partido debe escuchar y apoyarse en la sociedad civil, no todo puede reducirse a la rentabilidad política. En ocasiones, buscar únicamente beneficios electorales termina debilitando la identidad y la integridad institucional.3


El presente representa un momento coyuntural para la toma de decisiones. Acción Nacional debe recuperar la filosofía que históricamente lo caracterizó: actuar con prudencia, fortalecer sus mecanismos internos y prevenir malas prácticas dentro de sus filas. La comisión encargada de la disciplina interna debe conducirse bajo principios de imparcialidad, excelencia y certeza jurídica. Nada ni nadie debería estar por encima de esos principios si realmente se busca fortalecer la credibilidad del partido.


Las próximas elecciones representan un reto importante. Puebla necesita que su sistema de partidos —particularmente Acción Nacional— vuelva a generar confianza, certidumbre y una alternativa política seria. Es necesario renovar la imagen del partido y fortalecer nuevos liderazgos. Se debe apostar más por los jóvenes, sin dejar de reconocer el valor de la experiencia de quienes pueden orientar a las nuevas generaciones.


Democratizar la vida interna del partido no significa promover división o libertinaje, sino construir orden institucional y participación responsable. La integración de nuevos simpatizantes y militantes debe realizarse con dinamismo, pero también acompañarse de una sólida formación cívica y política.


Acción Nacional debe entender que el futuro se construye desde ahora. Si no invierte en cultura política, en la formación de liderazgos y en el fortalecimiento de su integridad institucional, el desgaste será inevitable. Sin embargo, también debe reconocerse que el partido históricamente ha sabido enfrentar crisis y resistir la crítica pública mejor que otras fuerzas políticas.


Si las circunstancias electorales le favorecen en el futuro, el PAN tendrá que actuar con responsabilidad, aprender de sus errores y evitar caer nuevamente en el pragmatismo político. Además, sus representantes en espacios legislativos y públicos deben construir una oposición más sólida, capaz de señalar las debilidades del actual régimen con argumentos serios y bien fundamentados.


México y Puebla enfrentan problemas graves: inseguridad, deserción escolar, crisis en el sistema de salud, entre muchos otros. Todos estos temas deben formar parte central del debate político y mediático.


Acción Nacional necesita construir una nueva narrativa con visión de futuro: un proyecto que priorice el orden, la paz y el progreso; que promueva políticas públicas dirigidas a toda la población y no únicamente a sectores específicos; que fortalezca la unión social y combata las prácticas populistas que tanto daño han causado a la vida pública nacional.


Hace algunos años, antes del llamado “tsunami Morena”, Acción Nacional mantenía una presencia importante en instituciones educativas, organizaciones sociales, juntas auxiliares, grupos vecinales e incluso en círculos intelectuales. Hoy gran parte de esa presencia se ha perdido. En Puebla, particularmente, han permanecido los mismos liderazgos durante demasiado tiempo, limitando el surgimiento de nuevos perfiles.


Finalmente, aún hay mucho por hacer. Existen propuestas pendientes, debates abiertos y retos importantes por enfrentar. Espero que esta columna pueda generar reflexión entre militantes, simpatizantes y ciudadanos interesados en el futuro de ese proyecto político.


Vale la pena preguntarnos: ¿hacia dónde se dirige el partido?, ¿qué estrategia seguirá rumbo a las próximas elecciones?, ¿continuará limitándose al papel de oposición?, ¿será capaz de reconstruir la confianza ciudadana y ofrecer gobernabilidad en el futuro?

 

En conclusión, Acción Nacional debe despertar del letargo y comprender que su mayor desafío no es únicamente ganar elecciones, sino recuperar la confianza de los ciudadanos. Renovar liderazgos, fortalecer su identidad, volver a las calles y reencontrarse con la sociedad serán tareas fundamentales si realmente aspira a convertirse nuevamente en una alternativa sólida para el país.


La historia ha demostrado que los partidos sobreviven cuando mantienen viva su esencia y entienden el momento histórico que les corresponde enfrentar. El PAN aún tiene la oportunidad de reconstruirse, pero el tiempo político no es eterno. Hoy más que nunca necesita visión, carácter y congruencia para responderle a una ciudadanía cansada de la improvisación, la polarización y la incertidumbre.


Porque al final, la democracia no se sostiene únicamente con discursos o campañas electorales; se sostiene con instituciones fuertes, ciudadanos comprometidos y líderes capaces de anteponer el bien común a los intereses personales. Ese es el verdadero reto de Acción Nacional y, quizá, también su última gran oportunidad de volver a ser un referente político y moral para México.


 1 Gómez, Teresa (2008), Manuel Gómez Morín 1915–1939, Fondo de Cultura Económica, p. 18.

2 Duverger, Maurice (1951), Los Partidos Políticos, FCE, edición en México, p. 43.

3 Martínez Sospedra, Manuel (1996), La Naturaleza de los Partidos Políticos, FCE, edición en México.

 

Bibliografía y Referencias 


Gómez, Teresa (2008) Manuel Gómez Morín 1915 – 1939, 

Fondo de Cultura Económica, p. 18. 


Duverger, Maurice (1951) Los Partidos Políticos, FCE, edición 

en México, P. 43. 


Martínez Manuel (1996) La Naturaleza de los Partidos 

Políticos, FCE, Edición en México, p 143.


Sartori Giovanni (2008) 20 lecciones sobre democracia, 

editorial Taurus, P. 12 – 16. 


Cansino Cesar y Campos Patricia (2014) Reflexiones sobre 

Acción Nacional; debates modernos sobre el sistema de 

partidos, BUAP, P. 53

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