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Jaque y Simulación: Rocha Moya y la 4T


Por: Armando Guzmán A.


La llamada “Cuarta Transformación” se enfrenta al peor escándalo político desde su llegada al poder en 2018. Las acusaciones de narcotráfico contra el gobernador de Sinaloa por parte de un tribunal federal de los Estados Unidos, así como la solicitud de su extradición, marcarán sin duda un antes y un después en la política mexicana y en la relación con el gobierno de nuestro vecino del norte.


México es un país que históricamente ha sufrido el flagelo de la corrupción, la impunidad, la violencia, la avaricia de sus gobernantes, los pactos “en lo oscurito” y las mentiras. Si retrocedemos a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador, su discurso giraba principalmente en torno a dos ejes: combatir la pobreza y erradicar “total y absolutamente” la corrupción, a la que señalaba como el principal problema del país.


El caso de Rocha Moya no es menor. Resultaría muy ingenuo pensar que el Gobierno Federal, autoridades, así como figuras del partido Morena y sus aliados, desconocieran por completo lo que ocurría en Sinaloa.


En distintos momentos, tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum expresaron confianza y respaldo hacia Rocha Moya. El propio Obrador llegó a referirse a él como “su hermano”, lo impulsó políticamente y respaldó su trayectoria, primero como senador y posteriormente como gobernador de uno de los estados más complejos del país en materia de seguridad.


La elección de 2021, que lo llevó al gobierno de Sinaloa, estuvo rodeada de polémica: denuncias de intervención del crimen organizado, secuestro de operadores políticos (especialmente del PRI), robo de urnas, amenazas, coacción del voto y señalamientos de que el Cártel de Sinaloa operó abiertamente a su favor.


En agosto de 2024, una carta atribuida a “El Mayo” Zambada afirmaba que, el día de su captura, fue engañado para asistir a un encuentro cuyo propósito era mediar en una disputa política entre Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén, quien "curiosamente" fue asesinado ese mismo día. Posteriormente, 27 gobernadores respaldaron a Rocha Moya mediante un desplegado en el que lo calificaron como “un compañero caracterizado por su honestidad y apego irrestricto a la ley”.


La controversia no termina ahí. En diversas ocasiones, Rocha Moya ha realizado declaraciones públicas en las que reconoce la necesidad de coordinarse con el crimen organizado, mantener contactos con estos grupos e incluso aceptar que su gobierno sostuvo diálogo con organizaciones criminales. También ha criticado la postura del gobierno de Donald Trump al catalogar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.


Lo llamativo es que, a pesar de los múltiples indicios, pruebas e información periodística, el caso de Rocha Moya fue durante años, para muchos, “el elefante en la habitación”.


Ante esta situación, la presidenta ha desplegado diversas estrategias de contención y control de daños para justificar lo indefendible: negar, descalificar y victimizarse . Ha recurrido al histrionismo y la exageración, descalificando a sus opositores, y ha apelado reiteradamente a la “soberanía nacional”. Desde esta visión, profundamente maniquea, demagógica y populista, quien no respalda la postura oficial es tachado de “traidor a la patria”. No es menor recordar que Morena suele asumirse como la “encarnación” de la propia patria.


El argumento más reiterado por Claudia Sheinbaum —ad nauseam— es la supuesta falta de pruebas por parte de Estados Unidos para sustentar la solicitud de extradición.


Sin embargo, resulta llamativo que, en otros casos, el gobierno mexicano no haya exigido el mismo nivel de pruebas, requisitos y documentación ante solicitudes similares (como en el caso de Genaro García Luna). Un ejemplo reciente ocurrió en enero pasado, cuando México entregó a más de 90 integrantes del crimen organizado.


En realidad, Estados Unidos no presenta la totalidad de las pruebas en esta etapa, ya que estas se desahogan durante el juicio. En este punto del proceso, basta con exponer los elementos que sustentan la acusación, los cuales ya fueron dados a conocer mediante un documento de 34 páginas: el acta de acusación. Cabe destacar que este no es el trabajo aislado de un fiscal, sino el resultado de un gran jurado compuesto por ciudadanos estadounidenses, que determinó la probable responsabilidad de Rocha Moya y 9 funcionarios implicados en diversos delitos.


Por otra parte, no esperemos a que la Fiscalía General de la República, la cual no es una institución autónoma del poder presidencial, haga una investigación seria o que responda a las denuncias ya existentes desde 2021 contra Rocha Moya.


Por supuesto, no se puede negar que en sexenios anteriores también existieron casos de corrupción vinculados al narcotráfico. No obstante, la narrativa de la supuesta superioridad moral de Morena frente a otros partidos se desmorona. Millones de mexicanos apoyaron el proyecto de la 4T precisamente porque lo consideraron la alternativa que combatiría la corrupción y al crimen, no la que construiría alianzas con él.


La defensa de Sheinbaum hacia Rocha Moya no parece responder a una convicción genuina sobre su inocencia, ni a prudencia institucional, es un acto de supervivencia política. Se trata de una reiteración de argumentos, distractores y desvíos de atención ante la permisividad y la corrupción de las instituciones. Para morena, reconocer la gravedad del caso implicaría aceptar que el proyecto de la 4T falló en uno de sus pilares fundamentales.


Ante esta crisis varias preguntas son inevitables:


La primera es política: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno para protegerse a sí mismo?


La segunda pregunta, aún más incómoda, es social: ¿seguirá el país tolerando estas contradicciones o finalmente exigirá congruencia por parte de Sheinbaum y el partido en el poder?


La tercera es en el ámbito de las relaciones bilaterales: ¿Cuál será la respuesta de Estados Unidos ante la negativa de México para extraditar a Rocha Moya?


La cuarta : Morena no rompió el pacto de impunidad con el crimen organizado ¿acaso alguien estará dispuesto a hacerlo? 


En política, como en la vida, no hay punto medio: o se sostiene el cambio, o se termina encarnando aquello que se prometió erradicar. La 4T cruzó esa línea.


Porque al final, la historia es implacable: 

“O mueres siendo un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en el villano.”

Jonathan Nolan 





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