La Educación Mexicana: entre propaganda e improvisación
Por: Armando Guzmán A,
El reciente anuncio del titular de la Secretaría de Educación Pública, Mario Delgado, sobre recortar el cierre del ciclo escolar al 5 de junio desató la polémica. Las supuestas causas que argumentó para justificar la decisión eran la ola de calor (que se vive en mayo, no en junio) y el Mundial de Futbol, en el que México será una de las sedes. Sin embargo, si se analizan las verdaderas razones detrás de esta decisión, aparecen otros factores: la intención de reducir la movilidad y la contaminación, así como el temor del gobierno federal a las protestas de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) durante el Mundial.
Sin embargo, esta decisión que el secretario Delgado vio con tan buenos ojos y que, al principio, parecía tan sencilla, revela algo mucho más profundo: la crisis estructural de la educación mexicana y la manera en que el actual gobierno ha priorizado la ideología sobre la formación académica y el pensamiento crítico.
México enfrenta desde hace años una situación educativa precaria que se ha ido agravando con el tiempo. Revisemos los datos: en 2026, nuestro país ocupa el último lugar en gasto educativo respecto al PIB entre los 38 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); en 2018 ocupábamos el puesto 16.
Si hablamos de la famosa prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), en 2018 México obtuvo 420 puntos en lectura (penúltimo lugar de la OCDE), manteniéndose estable en comparación con pruebas anteriores. Ya en 2022 —el año más reciente en que se aplicó la prueba— México registró su mayor caída, obteniendo 395 puntos en matemáticas (14 puntos menos que en 2018), además de descensos en ciencias y lectura (415 puntos).
El resultado es devastador: México se encuentra constantemente entre los últimos lugares de los países miembros de la OCDE
Mientras otras naciones fortalecen sus sistemas educativos para competir en un mundo cada vez más tecnológico y científico, aquí seguimos atrapados en debates ideológicos y decisiones improvisadas. Y es que la llamada Cuarta Transformación ha insistido constantemente en construir una narrativa política alrededor de la educación. Es un hecho innegable que la ideología sustenta al movimiento, y eso se refleja en muchas decisiones públicas. El problema no es que existan ideas políticas dentro del debate educativo —eso ocurre en cualquier democracia sana—, sino cuando la ideología sustituye al pensamiento crítico y al rigor académico.
Uno de los casos más representativos es el de Marx Arriaga, exdirector de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, cuya visión reflejaba una concepción profundamente dogmática de la educación. Cuando una ideología se convierte en “religión política” —sí, religión política—, el conocimiento deja de ser una herramienta de libertad y se transforma en un instrumento doctrinario.
Pero el problema educativo mexicano no se limita al contenido ideológico; también se refleja en el abandono material de las escuelas. Desde 2018, miles de planteles siguen presentando problemas básicos de infraestructura: falta de agua, drenaje deficiente, electricidad, instalaciones deterioradas y ausencia de mantenimiento. Resulta contradictorio hablar de transformación educativa cuando ni siquiera se han resuelto las condiciones mínimas para que millones de niños puedan estudiar dignamente. Según diversas mediciones, 40% de las escuelas nacionales carecen de servicios básicos. Actualmente, gran parte del presupuesto se concentra en becas como la Rita Cetina, mientras la infraestructura y la mejora docente siguen rezagadas.
Además, existe un problema social que pocas veces se menciona con suficiente seriedad: millones de padres de familia enfrentan enormes dificultades cuando sus hijos dejan de asistir a clases. Muchas familias trabajan jornadas completas y no cuentan con redes de apoyo para el cuidado infantil.
En ese sentido, el gobierno tampoco ha mostrado suficiente empatía ni capacidad de planeación. En 2019, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador eliminó el programa de estancias infantiles de la antigua SEDESOL argumentando supuesta corrupción y manejo irregular de recursos. La estrategia consistió en sustituir el servicio por transferencias directas de dinero a los padres, pero el problema de fondo nunca se resolvió: las familias seguían necesitando espacios seguros para el cuidado de sus hijos. En 2025, Claudia Sheinbaum anunció la construcción de mil Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI) entre 2026 y 2030, admitiendo así que la cobertura de cuidado infantil en México no estaba adecuadamente garantizada por el Estado.
Otro tema importante es el modelo actual conocido como Nueva Escuela Mexicana, el cual no ha estado exento de críticas. Maestros, padres de familia y especialistas han señalado problemas como la implementación precipitada, la falta de capacitación docente, el rezago educativo persistente y contenidos con fuerte carga ideológica. Además, como suele ocurrir en muchos gobiernos, se intenta demostrar el supuesto éxito del modelo llenando a los maestros de cursos, formatos burocráticos y tareas administrativas.
Encontrar el modelo educativo correcto para México es una tarea enorme y compleja, pero absolutamente necesaria. Requiere escuchar a expertos nacionales e internacionales, inspirarse en la experiencia educativa de otros países y comprender las verdaderas necesidades educativas de México y sus regiones.
El debate sobre el calendario escolar también merecía atención seria. El artículo 87 de la Ley General de Educación establece que el ciclo escolar debe tener un mínimo de 185 días de clases. El artículo 88 sí contempla modificaciones, pero únicamente por causas extraordinarias. Reducir alrededor de 27 días lectivos implicaría aproximadamente un 15% menos de clases. En un país con enormes rezagos educativos tras la pandemia, la medida parece difícil de justificar. Afortunadamente, y gracias a las críticas de padres de familia, maestros y medios de comunicación, la SEP tuvo que “echarse para atrás” y finalmente el curso terminará el 15 de julio.
El artículo 3° constitucional es claro: la educación debe ser obligatoria, universal, inclusiva, pública, gratuita, laica y basada en el respeto a la dignidad humana, la equidad y los derechos humanos. Ese debería ser el verdadero eje del debate educativo nacional.
México necesita urgentemente una educación científica, moderna y orientada al pensamiento crítico. En la escuela hay que pensar con libertad; no debería importar si un estudiante lee a Karl Marx o a Adam Smith; lo importante es que aprenda a cuestionar, analizar y construir sus propias conclusiones. Las escuelas no deberían convertirse en iglesias que administren doctrina.
La educación también debe reconciliarse con la realidad económica y laboral del país. Formar ciudadanos críticos y libres es indispensable, pero también lo es preparar profesionistas capaces de competir en un entorno cada vez más tecnológico y exigente. El conocimiento no debe limitarse a producir mano de obra para el mercado, pero tampoco puede permanecer desconectado de la realidad económica; el verdadero reto consiste en equilibrar ambas dimensiones.
México necesita menos propaganda y más educación de calidad. Una nación no se transforma únicamente con discursos políticos ni con narrativas construidas desde el poder; se transforma formando ciudadanos críticos, libres, preparados y, sobre todo, con valores, algo que hoy parece escasear en nuestra sociedad.
México no carece de talento; carece de un sistema educativo capaz de impulsarlo, desarrollarlo y convertirlo en motor de progreso nacional.
Porque un gobierno que teme a las preguntas siempre preferirá ciudadanos obedientes antes que ciudadanos pensantes. Le incomoda el individuo que cuestiona, que analiza y que exige resultados. Por eso la educación representa el mayor desafío para cualquier proyecto basado en la manipulación ideológica: educar verdaderamente es enseñar a pensar por cuenta propia.
Y cuando un pueblo aprende a pensar por sí mismo, ningún gobierno vuelve a dominarlo por completo.
“La ignorancia es el peor enemigo de un pueblo que quiere ser libre”.
— Jonathan Hennessey


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