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En los tiempos de Villa… y también en los tiempos del ?

Por: Sussy Arias

La incertidumbre tomó por sorpresa a México ayer. No fue un susto aislado, ni un evento remoto más en las noticias. Fue violencia de frente, palpable, con carreteras bloqueadas, quema de vehículos, mensajes en voz alta que nos recordaron que el miedo sigue siendo una presencia silenciosa en nuestras vidas.


Hoy muchos nos preguntamos: ¿cómo llegaron los mexicanos hasta aquí? ¿Por qué nos cuesta tanto vivir tranquilos?


La respuesta —aunque dolorosa— está en nuestra historia.

Desde que este suelo fue habitado, el pueblo mexicano ha sido aguerrido. Nuestros antepasados prehispánicos enfrentaron guerras internas y externas. Después vino la conquista, que no fue un simple cambio de gobierno, sino un choque brutal de civilizaciones. La independencia no fue una fiesta de flores, sino un estallido de violencia. La Revolución Mexicana, con sus ejércitos y líderes carismáticos como Pancho Villa y Emiliano Zapata, marcó la vida social, política y cultural de nuestra nación. Nuestro México se construyó —y a veces se destruyó— a fuerza de lucha y sangre.


Decir que nuestro país nunca ha sido tranquilo no es un reproche, es una constatación histórica. Somos hijos de revoluciones, luchas y resistencias. Pero también hemos sido —y somos— testigos de resiliencia, de comunidad, de creatividad para sobrevivir entre adversidades.

Hoy, estamos consternados. El miedo nos ronda al salir a la calle. La inseguridad se siente en el pecho de madres y padres que dejan a sus hijos en la escuela. La incertidumbre pesa en cada viaje largo, en cada llamada que tarda en contestar. Y sí, lo vivido con la violencia vinculada a grupos del crimen organizado —como lo ocurrido recientemente con “El Mencho”— nos recuerda que la lucha contra la violencia no ha terminado, que algunas batallas son más visibles y dolorosas que otras.


Pero mientras la violencia organizada hace ruido, la violencia silenciosa del miedo también nos hiere profundamente.


Entonces, ¿qué podemos hacer para que este miedo no nos paralice? ¿Cómo sembrar paz en una tierra que ha sido testigo de tantos tiempos de Villa?

Propuesta para generar paz


Fortalecer la comunidad desde lo local:

La paz no se decreta, se construye. Cuando vecinos se conocen, se organizan y se cuidan entre sí, se debilita el terreno fértil donde florece el miedo.


Educación emocional desde la infancia:

Enseñar desde pequeños a dialogar, resolver conflictos sin violencia, expresar sentimientos y actuar con empatía nos prepara para ser adultos con herramientas de paz.


Apoyo y acompañamiento psicológico accesible:

El miedo que se queda adentro crece. Ofrecer espacios donde se pueda hablar de inseguridad, ansiedad y miedo ayuda a liberar cargas y a encontrar redes de apoyo.

Celebrar nuestras raíces culturales de resiliencia:

No podemos cambiar lo que fuimos, pero sí podemos reinterpretarlo. Nuestra historia de lucha también es historia de superación, de comunidades que se levantan una y otra vez.


Participación ciudadana activa:

Cuando la gente se involucra en la vida de su ciudad —en políticas públicas, en prevención, en iniciativas comunitarias— se recorta el espacio que la incertidumbre y la violencia ocupan en nuestra vida diaria.

México ha vivido tiempos duros y tiempos luminosos. Nuestra historia está hecha de ambas cosas. Nos han querido ver divididos, asustados, resignados. Pero también nos han visto levantarnos una y otra vez, reconstruir caminos, sembrar sonrisas y esperanza.


No se trata de ignorar el miedo… se trata de reconocerlo, mirarlo a los ojos y decidir que no nos gobernará.


La paz no es ausencia de miedo, es la fuerza para seguir caminando a pesar de él.


Porque sí, hemos vivido ya muchos "tiempos de Villa"…

pero también hemos vivido muchos tiempos de esperanza.
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